RG | Quemar hojas secas perjudica el medio ambiente y la salud

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Con el comienzo del otoño no sólo baja la temperatura y las horas de luz diurna van disminuyendo poco a poco. El cuadro instantáneo que aparece en nuestra mente al pensar en esta nueva temporada siempre son las hojas caducas y rojizas, que invaden jardines, calles y veredas.

Quizás una de las cosas más molestas del otoño sea la indiscriminada quema de hojas secas. Esta práctica tan habitual está prohibida en Argentina, ya que el país adhirió al Convenio de Estocolmo, un acuerdo internacional para eliminar la liberación de contaminantes orgánicos persistentes (COPs), que pueden ser perjudiciales para la salud y el ambiente.

Entre las premisas del tratado, se destaca la “reducción progresiva de los COPs generados de manera no intencional”, como es la quema de hojas. Lo cierto es que la emisión de estos contaminantes en el medio ambiente es sólo una parte de la problemática: la combustión libera monóxido de carbono y humo, principalmente dañino para los niños y vecinos con padecimientos pulmonares.

La acumulación de hojas puede “solucionarse” sin consecuencias graves y resultar, en contraposición, una valiosa fuente de materia orgánica: agregándolas al compost o secas y estrujadas pueden ser un liviano y útil mantillo que protege el suelo y ayuda a conservarlo húmedo y suelto.

Para ello, una de las alternativas es barrer las hojas de la vereda y colocarlas en el pasto junto con las que ya se recolectaron del jardín. Allí, deberá regarlas –no hace falta mucha agua, sólo humedecerlas por algunos días-, lo que evitará que se vuelen con el viento y acelerará su descomposición. También puede realizar un pozo y depositarlas ahí.

Estas prácticas permitirán abonar el suelo, de manera simple y natural. Aquellos vecinos con afán de limpieza manifestarán que de esta manera los patios “no se van a ver bien” con todas las hojas encima, pero lo cierto es que la naturaleza tiene otras lógicas y eso que parece “feo” esconde la belleza futura del jardín.

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