SV | Cuatro sanvicentinos se asesoran cada semana por ruidos molestos

Es uno de los reclamos más comunes y menos atendidos: a quién recurrir, cómo es el procedimiento y qué ruidos molestos pueden denunciarse ante la Justicia.

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San Vicente .: Un promedio de cuatro sanvicentinos se acerca por semana a la Secretaría de Seguridad municipal para asesorarse y comenzar acciones legales por ruidos molestos. ¿Los más comunes? La música fuerte y los ruidos de maquinaria. Así estimó el asesor legal de esta cartera, Carlos González, en diálogo con Al Sur.

A través de las redes sociales, todo el tiempo somos testigos de la queja de los ciudadanos que piden asesoramiento sobre cómo hacer frente a la inseguridad, a los accidentes viales o a distintas situaciones que tienen que ver con nuestra vida cotidiana, sin siquiera sospechar que existen cientos de leyes y ordenanzas promulgadas.

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Una de ellas es la Ordenanza General 27/68, que va en contra de uno de los grandes males que sufrimos los ciudadanos: los ruidos molestos. Esos que nos ponen los pelos de punta, que aumentan el estrés a picos insoportables y que son causados por individuos con una total falta de respeto por el prójimo.

En estos casos, la cartera de Seguridad recomienda que el vecino se acerque a la comisaria a realizar la denuncia de manera formal y dejar una copia en esta área municipal. A partir de allí, la persona deberá acercarse al Juzgado de Paz de San Vicente, ya que es el organismo competente para aplicar el código de faltas de la provincia de Buenos Aires.

Más allá que el Municipio interviene en estas causas, lo hace como agente conciliador entre las partes, si es que puede hacerlo; y como asesor legal para que la persona continúe estos reclamos a través del procedimiento judicial.

La ley

El artículo 2 de la Ordenanza General prohíbe “producir, causar, estimular o provocar ruidos molestos, cualquiera sea su origen, cuando por razones de la hora y lugar o por su calidad o grado de intensidad se perturbe o pueda perturbar la tranquilidad o reposo de la población, o causar perjuicio o molestias de cualquier naturaleza”. En el siguiente punto, aclara que “rige para los ruidos producidos en la vía pública, plazas, parques, paseos, salas de espectáculos, centros de reunión y en todos los demás lugares en que se desarrollen actividades públicas o privadas, así como las casas, habitación, individuales o colectivas”.

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Pero, ¿qué ruidos son considerados dentro de esta ley? Las transmisiones radiotelefónicas de toda clase en la vía pública, la circulación de rodados, el sobrevuelo de aviones con altavoces para propaganda comercial  y la habilitación o circulación de vehículos automotores que no utilicen silenciadores de escape, son algunos de ellos.

También contempla a los vehículos automotores de bocina estridente; el uso de silbatos, bocinas, sirenas, campanas u otros aparatos semejantes para los establecimientos industriales o comerciales de cualquier naturaleza, salvo en los casos de fuerza mayor debidamente probados; la reparación de motores en la vía pública cuando, a tal fin, deban mantenerse en actividad; la venta por pregón con amplificadores; la circulación de camiones o carros pesados y ultrapesados, así como cualquier vehículo que, por la distribución o importancia de la carga, provoque oscilaciones de las estructuras de los edificios susceptibles de transformarse en sonidos.

También está prohibido el uso de bombas de estruendo, petardos, fuegos artificiales y todo otro elemento productor de esta clase de ruidos molestos, salvo en los casos de fiestas populares, autorizadas con antelación; la utilización de radios, televisores, aparatos reproductores de sonido en medios de transporte colectivos de personas, calles, paseos, lugares y establecimientos públicos y toda otra actividad que produzca ruidos molestos. En este último punto podríamos mencionar a los autos que circulan con potentes equipos de sonidos o a los particulares que realizan fiestas privadas en sus casas con la música a todo volumen.

Denuncias anónimas

Si hay algo que abunda en redes sociales son las quejas y denuncias anónimas, conocidas de manera popular como “escraches”. A pesar de que – en ocasiones – suelen reflejar una problemática real, los “escraches” por vecinos ruidosos no tienen virtud ante la Justicia, si no hay una denuncia formal que sirva de respaldo. Las denuncias anónimas por teléfono o por escrito tampoco están contempladas por este organismo.

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Al respecto, el asesor legal reflexionó que es necesario “el compromiso de la sociedad para resolver los problemas de convivencia entre los vecinos”, ya que esto permitirá “generar restricciones a quienes no tienen respeto por el otro”. “No se puede pedir Justicia sin dar la cara ni asumir una responsabilidad. La sociedad debe comprometerse a vencer el miedo a lo que puede pasar y  hacer lo que hay que hacer. Sin una denuncia formal no puede actuar la entidad competente”, explicó.

Por otro lado, advirtió sobre el riesgo de publicar reclamos en redes sociales ya que “generan un incremento del conflicto social y acarrean tratos hostiles entre los vecinos, lo que puede terminar en situaciones de violencia extrema”.

“La sociedad necesita reeducarse en la forma de relacionarse y entre esas cosas, aprender el concepto de que uno no es dueño de lo público. Al manejarnos en un sistema de normas que dicen que podés ejercer tu libertad, tenés el derecho de escuchar la música que quieras pero con un límite”, afirmó González y sumó: “una vez que los trasgresores de la convivencia comiencen a tener que poner de su trabajo diario para la reparación por su falta de respeto al otro, se generará este límite. Es por eso que es importante educarnos y es la sociedad quien debe ser la encargada de dar la cara”.

Opinión | La necesidad de un marco legal

Personas con problemas nerviosos, en estado convaleciente y animales domésticos son algunas de las víctimas de los ruidos producidos a diario por individuos con bajo nivel de instrucción y poco interés por su prójimo.

De manera cotidiana vemos a jóvenes que, por mera diversión (y seguramente por alteraciones psíquicas), se transportan en motos con los caños de escapes libres o realizando “cortes” (contraexplosiones).

También están los que -con un poco más de poder adquisitivo- llegaron a comprarse un auto con un potente equipo de audio y, reemplazan su aparente escasa virilidad con un recorrido por las calles produciendo un ruido espantoso.

Ni hablar de los que quieren demostrarle a sus vecinos el buen gusto musical que poseen y sacan sus parlantes al patio, atormentando a quienes intentan descansar en sus hogares.

Estos hechos ocurren habitualmente, cualquiera sea la ciudad en la que vivamos. En la mayoría de los casos, las víctimas de estos energúmenos con pocos pliegues cerebrales se encuentran desprotegidas por las leyes, ya que para accionar contra sus victimarios tienen que hacer una denuncia policial y luego ir hasta el Municipio para… nada.

Por esta razón es necesario un marco legal para atacar este mal, y esa herramienta la tienen los concejales. Es imperioso que se dicte una ordenanza que defienda a los vecinos de estos maleducados que creen llevarse al mundo por delante, sin que las autoridades puedan hacer demasiado.

Daniel Rosales

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