Tránsito | Todos los “accidentes” son evitables

Por Claudio Castillo

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Las muertes por “accidentes” de tránsito en todo el país superan las 70.000 anuales, sin contar los heridos que padecen discapacidades crónicas y de por vida. Más del 90 por ciento de estos hechos son a causa de la imprudencia, la irresponsabilidad o la impericia.

Es importante no entrar en detalles banales en relación a cómo fue el accidente o quién participó en él, a fin de repartir culpas, sino plantearse el porqué: ¿Por qué manejar alcoholizado? ¿Por qué si un individuo tiene la responsabilidad de conducir un vehículo, bebe alcohol o alguna sustancia que no le permite controlar los sentidos y reflejos?   ¿Por qué, a sabiendas del riesgo que se puede correr, atienden o usan el celular en plena acción de manejo? ¿Por qué dicen ser adoradores incondicionales de sus hijos y los sacan a pasear en moto, montados en el tanque de nafta?  ¿Por qué si una moto está fabricada para transportar a dos personas, viajan cuatro?  ¿Por qué si las señales de tránsito les limitan una máxima velocidad, no se las respeta?  ¿Por qué estacionan ocupando las paradas de colectivos, impidiendo el ascenso y descenso de pasajeros? ¿Por qué aparcan sobre la senda peatonal, rampas de discapacitados y cometen otras infracciones de tránsito sin importar el prójimo?

El desprecio por la vida propia y de los otros, es alarmante. Muchas muertes en el tránsito son evitables, si se asume la responsabilidad que cada uno tiene ante el volante. En este sentido, hay que desprenderse de la creencia que los “accidentes”, tal como se conocen en la cotidianidad, suceden por azar. Sencillamente, son consecuencia de la falta total de respeto a las normas de tránsito.

Es fundamental generar una toma de conciencia de la vida propia y ajena para tomar la responsabilidad civil que asume el conductor de un vehículo (no importa el porte), cuando sale a la vía pública con total desconocimiento de las normas básicas de tránsito o, en algunos casos, elija ignorarlas deliberadamente.

Para llegar a reducir los nefastos resultados que se vive en todo el país con los siniestros o accidentes de tránsito, solo hay una palabra: educar, un valor que exige sacrificio y es difícil de concretar, pero no imposible.

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