Psicología | Construir la autoridad como padres

Por Beatriz Zaiat | Fuente: “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos” - UNICEF

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La autoridad se construye cuando la madre, el padre o los cuidadores le muestran al niño lo que se espera de él o ella con claridad. Recordemos que somos su modelo por seguir. Nos miran constantemente y actúan más en  respuesta a lo que hacemos que a lo que les decimos.

En ese sentido, la confianza en las personas adultas que son sus referentes es la base desde donde un niño o niña va comprendiendo la noción de lo que está bien y lo que está mal. Por eso, si no ejercemos la autoridad y les dejamos hacer “lo que quieran”, van a sentirse confundidos e inseguros. Enseñarles lo que tienen que hacer y cómo se espera que se comporten les da contención y respaldo.

Los niños y niñas más pequeños necesitan satisfacer en forma inmediata sus necesidades: quieren ese juguete ahora, quieren comer ese chocolate ahora. Pero, para madurar psicológicamente, deben aprender a esperar, a posponer esta satisfacción de alcanzar lo que desean, para poder hacerlo de una manera socialmente aceptable. Podrán jugar cuando les toque el turno, podrán comer el chocolate después de terminar la comida.

Por eso, cuando como padres ejercemos la autoridad y les ponemos límites, los ayudamos a aprender a esperar, fortaleciendo su personalidad y preparándolos para tolerar las distintas frustraciones que tendrán en sus vidas.

Además, con ese aprendizaje, los estamos ayudando a darles un espacio a las necesidades de los demás. Así, se favorece su inserción en el mundo de los otros. Para subirse a la hamaca, deben esperar a que su compañero termine de hamacarse. Si siempre hacen lo que quieren, se privan de la oportunidad de aprender la riqueza de compartir.

Si no logramos que nuestros hijos estén convencidos de que lo que queremos enseñarles está bien y, por eso, decidan incorporarlo, no habremos logrado el objetivo de que aprendan. Mediante el autoritarismo, podremos obligarlos a hacer cosas, someterlos a nuestra voluntad, adiestrarlos, pero no habrán aprendido a hacerlo por su propia voluntad e iniciativa sino como una respuesta frente a este autoritarismo.

Cuando fracasa la autoridad de las madres y los padres, sobrevienen el desborde, la descarga y la violencia en cualquiera de sus formas.

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