Psicología | Crianza sin violencia

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Los chicos son una maravillosa realidad de cada día, pero son también la semilla del futuro de nuestra sociedad y su bienestar es un indicador esencial de qué sociedad estamos construyendo. La manera en que los tratamos y educamos tendrá impacto en la manera en que nuestra sociedad será cuando ellos sean adultos.

Aunque la manera de criar a nuestros hijos ha mejorado mucho en los últimos tiempos, muchas personas siguen creyendo que tanto el castigo físico como la agresión verbal (gritos, insultos, humillaciones) son necesarios para la educación de los chicos, como si esta fuera la única forma de mostrar autoridad como padres.

Es importante entender que, al tratarlos de esta manera, estamos ejerciendo violencia hacia ellos. También estamos siendo violentos cuando los despreciamos, los desvalorizamos, amenazamos con abandonarlos o nos mostramos indiferentes frente a lo que hacen o dicen.

Estas acciones son muy graves y dañan la salud física y emocional de nuestros hijos. En muchos casos, provocan una escalada de violencia que resulta difícil de detener. Los chicos educados en contextos violentos pueden creer que la violencia es la única manera de vincularse con otros. Así, es muy probable que aprendan que deben tratar a los demás con la misma violencia que recibieron de sus padres.

Los malos tratos y castigos no generan respeto sino miedo. La violencia no es necesaria. Podemos pensar en formas de educar a nuestros hijos y lograr que nos respeten en nuestro lugar de madres, padres y cuidadores sin utilizar la violencia.

Si el uso de la violencia se vuelve habitual en la crianza, es imposible construir contextos libres de maltrato para los chicos y las chicas. Es necesario desnaturalizar (es decir, no tomar como “normal”) la idea de que los golpes son una forma de enseñar algo positivo o que constituyen un “derecho de los padres y madres” frente al que no hay que intervenir.

Para esto, primero tenemos que tener en claro cuál es nuestro rol como madres y padres, y qué significa educar a nuestros hijos. En síntesis, proponemos reflexionar sobre cuál es nuestro papel como padres, pensar de qué manera nos comportamos como tales y compartir experiencias con otras personas para, de esta manera, asumir el desafío de criar a nuestros hijos sin violencia.

Fuente: “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos – UNICEF”

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