Psicología | Cuando los padres se muestran exigentes y rígidos.

Por Beatriz Zaiat | El exceso de manipulación y de exigencia, en general muestra una personalidad insegura que necesita tener bajo control todas las situaciones que pudieran presentarse.

0
751

Cuando los padres se muestran poco flexibles, controladores de todo lo que sus hijos hacen o deciden, para que respondan a los objetivos no alcanzados por ellos en la infancia o en la adolescencia, les generan dependencia, inseguridad, baja autoestima, ansiedad, poca emotividad y falta de espontaneidad, no permitiendo la posibilidad de pensar ni de manifestar contradicción al decir parental, pues el temor a equivocarse y volver a empezar les produce el mecanismo defensivo, lo que supone paralización y la dificultad para accionar.

El exceso de manipulación y de exigencia, en general muestra una personalidad insegura que necesita tener bajo control todas las situaciones que pudieran presentarse. La búsqueda de la excelencia hacia ellos mismos y para con sus hijos responde a sus ideales de perfección, mostrándose irritables y muy molestos cuando esto no se alcanza.

Además de remarcar los errores en forma permanente, el padre o madre insistirá para que las cosas se hagan a su modo, y va a poner todo de sí para que ello se cumpla, aunque las más de las veces, el tono y el modo son autoritarios, y por ende, temidos.

Esto deja lejos la oportunidad de favorecer la relación padre-hijo basada en el cariño y el respeto, de compartir momentos y vivencias, donde la paciencia propiciaría la co-creación de un vínculo enriquecedor para ambos.

Cuando un vínculo está construido por la presión y la exigencia determinantes de uno bajo el otro, de uno sobre el otro, no posibilitando el acuerdo y el intercambio, se generan problemas emocionales, como la desidia, el desinterés, la indefensión, que se traducirían en dificultades escolares, como problemas de falta de atención, de concentración, de ira,

rabietas, depresión. Idéntica conducta es observable tanto en el ámbito familiar como con sus amigos.

Marcar la superioridad paterna-materna de un modo irreflexivo (“porque soy tu padre, y sé lo que es mejor para vos”) provoca distancia y desconfianza en los hijos. En cambio, escuchar y acordar favorece el encuentro. La posibilidad de experimentar que tienen un hijo o una hija cuando pueden hacerlo bajo la tutela y el cuidado paterno o materno facilita el conocimiento y el interés, además de un vínculo saludable y enriquecedor.

baner_margarinap

DEJA UNA RESPUESTA