Psicología | El acoso sexual

Por Beatriz Zaiat

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Cuando una persona se siente intimidada o bajo presión debido a una promesa no deseada o inapropiada de recompensas a cambio de favores sexuales, es denominado acoso sexual. Más allá de que las denuncias son, en general, por parte de mujeres, los hombres también pueden ser víctimas de este tipo de situaciones.

Este tipo de acoso se produce con el propósito o el efecto de atentar contra la dignidad de la persona, a través de un comportamiento verbal o físico de índole sexual. De este modo, crea en una relación de intimidación, hostil, degradante, humillante u ofensiva, que puede desarrollarse en ambientes laborales, académicos, estudiantiles e, incluso, familiares.

Los modos de comportamiento son diversos y varían desde toqueteos que, al principio, son espera de una respuesta de aceptación “como al pasar”; pasando a comentarios sugestivos (en ocasiones puede estar cargados de gran agresividad), manoseos inapropiados o permanecer muy cerca con intención de besar, acariciar o frotarse de manera sexual frente a otra persona.

Las personas que comenten acoso sexual lo hacen de modo continuo y deliberado, con el propósito de reducir, someter y aniquilar; utilizando en forma consciente comportamientos de hostigamiento frecuentes, reiterados y sistemáticos.

Ante la Ley, el acoso sexual está considerado un acto delictivo y es sancionado en función de su gravedad, lo que puede llevar desde la pérdida del trabajo hasta la privación de la libertad del acosador.

Este tipo de tratamiento psicológico reviste el carácter de urgente, tanto para quien acosa, como para quien es objeto de su acoso, ya que es éste último quien deberá lidiar con sentimientos de vergüenza, culpa, ansiedad o depresión. Hablar con un profesional sobre lo ocurrido o escribir sobre la experiencia serán algunos de los ejercicios que permitirá recuperar la estabilidad emocional.

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