Psicología | El cuidado de los menores en Internet.

Por Beatriz Zaiat

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Nuestro rol como padres en la familia es el de constituirnos como protectores, acompañantes e intérpretes de las necesidades de nuestros hijos. Necesidades que en varias ocasiones se tornan evidentes frente a los riesgos que pudieran experimentar los menores con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Somos los padres y madres, seguidos de los hermanos mayores, quienes -como observadores atentos- detectaremos a las personas con las cuales se conectan, “whatsappean” o “mensajean” los chicos, a sabiendas de que el grado de vulnerabilidad alcanza tanto a mujeres como a varones, aunque son las hijas las más controladas.

El contacto con el celular, la computadora y la tablet ocupa entre una y dos horas y media al día, pero el tiempo puede llegar al extremo de superar las cuatro horas.

La llegada de Internet abrió las puertas al mundo de la comunicación instantánea, a la creación de redes sociales, foros, lugares de intercambio en la Red, con sus pros y sus contras.

Facebook, que originalmente era un sitio para estudiantes de la universidad de Harvard, ha permitido la masificación de la comunicación digital a límites inimaginables, al punto de provocar la cancelación de la privacidad. Lo sigue Twitter, que hace que la mayoría de los acontecimientos sean previamente anunciados para luego transmitirlos y retransmitirlos rápidamente.

Consecuencias y dificultades

Pero, ¿qué consecuencias negativas puede tener Internet en este sentido? La problemática estriba en relación a la inseguridad de los menores en Internet, consistente en acciones deliberadas por parte de un adulto con el fin de establecer lazos de “amistad” con ellos, con el objetivo de obtener satisfacción sexual mediante imágenes eróticas o pornográficas del niño o niña, o incluso para un encuentro íntimo. Ésta es una situación cada día más acuciante, que ha puesto en guardia tanto a la policía como a las instituciones. Es una forma de acoso y abuso de menores que en las redes llaman “ciberacoso”, o “grooming”.

Entre las dificultades que se presentan, están: el anonimato y simulación del delincuente, dado que es un adulto con intención sexual; la fragilidad y la inocencia de los chicos y chicas; el fácil acceso que brinda Internet a todo tipo de información y para generar vínculos.

El ciberacoso o grooming constituyen delitos que comienzan en la red y que trascienden el mundo virtual para llegar al mundo real, derivando en la pornografía infantil, la pedofilia, el abuso físico y hasta la prostitución.

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