Psicología | El divorcio

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Con el deterioro del matrimonio y la convivencia en pareja, deja de estar presente la flexibilidad y el disfrute de compartir hábitos y costumbres en la forma de vida en común.

Este modo de convivencia se venía gestando hace tiempo pero, en la inercia del vivir diario, ninguno de los dos se cuestionó ¿qué nos pasa?, ¿Por qué me aburro?, ¿Qué me une a esta persona?

Las expectativas sobre el otro no coinciden con lo que es realmente esa persona y de esta manera, la diversión, la actividad sexual, la familia, los amigos, el tiempo dedicado a uno mismo y a la pareja; así como los puntos de vista, los valores y la adaptación a la vida en común comienzan a ser desequilibradas y se tornan en un ácido nítrico, que va carcomiendo el accionar diario.

A causa de ello, la desesperanza, la depresión, la culpa, la incertidumbre, el miedo a la soledad, la ira y la venganza derivan en conductas autodestructivas, tales como trastornos alimenticios  o el consumo de alcohol o drogas.

También pueden manifestarse en comportamientos obsesivos de control como el espionaje, actos persecutorios, la agresión física y, muchas veces, la difamación dentro del círculo social al cual ambos pertenecían.

Estos patrones de conducta se expresan en una relación de víctima y agresor, que es menester y necesario evitar por medio de la prevención de conductas agresivas.

La presencia del psicoterapeuta especializado favorecerá el establecimiento de acuerdos favorables y equilibrados para ambos.

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