Psicología | La mensajería instantánea y sus consecuencias

Por Beatriz Zaiat | La utilización de la mensajería puede provocar confusiones y malos entendidos.

0
539

Los encuentros cara a cara han disminuido, se reemplazan por largas conversaciones telefónicas, extensos mails, mensajes privados por Facebook e infinidad de mensajes de texto o de WhatsApp. Casi siempre se utilizan palabras abreviadas, signos o íconos que dan más o menos cuenta del estado de ánimo del que escribe, además de la rapidez que exige la devolución de la respuesta.
Muchas veces, la comunicación a través de estos dispositivos tecnológicos genera malos entendidos, inquietud, ansiedad a la pregunta formulada o al pedido de información solicitada cuando la respuesta se demora.
La premisa es comunicarse más rápido, pero ello no implica comunicarse mejor. La tecnología en sí misma puede llegar a crearnos algún grado de intranquilidad y exigencia cuando vivimos pendientes de la menor de sus señales, sea en el celular, la tablet o la computadora, desatendiendo a quien tenemos enfrente o siendo poco gentiles en nuestras conversaciones personales, ya que las interrumpimos por un momento cuando un sonido nos avisa que hemos recibido un mensajito.
Estamos todo el tiempo requiriendo instantaneidad, exigimos respuestas inmediatas. La espera provoca ansiedad, ¡y ello es poco soportable!
El costo de lo inmediato se traduce en la falta de límites a lo comunicado, a lo transmitido. Además de ser víctimas de esta necesidad de inmediatez, estamos conectados con todos sin importar nuestra privacidad, damos cuenta de cada uno de nuestros actos y estados, que es parte del accionar de los usuarios de redes sociales, como aquel que vive a expensas de lo que digan en Twitter o Facebook.
También, al perder la privacidad estamos expuestos a peligros criminales, especialmente los menores cuando son abordados por personas con perfil falso que los invitan a salir y ellos aceptan sin más.
Nadie tiene paciencia ni respeto al esperar el tiempo de los otros. ¿Cuántas  veces somos víctimas de los insistentes mensajes de nuestros contactos recibidos por WhatsApp, demandando su pronta respuesta? ¿Es que la popularización del WhatsApp puede producir consecuencias sociales?
Cuando estos mensajes no son bien interpretados, dado que se usan  códigos o íconos en lugar de palabras, ¿pueden provocar confusiones y malos entendidos? ¿Es posible que sean re-editados por personas sin escrúpulos, contaminando y cambiando el sentido de lo que quiso transmitir su emisor?

DEJA UNA RESPUESTA