Psicología: la sobreadaptación.

Por Beatriz Zaiat | Cuando la buena voluntad es excesiva y a toda hora, cuando la persona asume responsabilidades de las que nadie quiere hacerse cargo, cuando es el más confiado confidente, la mejor hermana, la mejor amiga, la madre más bondadosa y siempre lista... Cuando todas esas buenas formas y modos vienen acompañados de rabia y estrés encubiertos o notorios, significa que hay sobreadaptación.

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Muchas veces vemos bebés muy abrigados, al punto de estar sonrosados y transpirados, o a padres que intentan evitarles una posible caída o un golpe dentro de un espacio apto para el juego, cuando en realidad ello permitiría aprender a sortear el obstáculo. Estos son signos de niños que están siendo criados de modo sobreadaptado.

Cuando la buena voluntad es excesiva y a toda hora, cuando la persona asume responsabilidades de las que nadie quiere hacerse cargo, cuando es el más confiado confidente, la mejor hermana, la mejor amiga, la madre más bondadosa y siempre lista… Cuando todas esas buenas formas y modos vienen acompañados de rabia y estrés encubiertos o notorios, significa que hay sobreadaptación.

Aceptar que las decisiones las toma el otro y acompañar todo con una sonrisa para que el otro no se incomode ni se sienta mal, es complacer, pero por dentro hay malestar, inquietud, rabia, enojo. Cuando un sujeto se muestra complaciente, siempre correcto, y evita a toda costa el conflicto para no afectar las relaciones familiares y de pareja, es un sobreadaptado.

En la sobreadaptación, el sujeto siente que por sobre el disfrute está el deber. El malestar que le genera, siempre velado y encubierto, desfigura su personalidad y hace que poco a poco vaya perdiendo sus capacidades. Esto también se conoce con el nombre de “falso self”, y se convierte en un rasgo de la personalidad.

La necesidad de ser aceptado, querido, valorado, va acompañada de la creencia de que eso sólo será posible si hace todo lo que se espera de él. Es decir, ser complaciente con los deseos de los demás.

Los sentimientos que podrían generarle el rechazo o abandono son reprimidos o disociados, además de siempre mostrarse muy negador. Manifestar rabia, rechazo, disconformidad, podría sentirlo como merecedor del castigo, o lo que es peor, de perder el amor o la valoración de su entorno.

Este tipo de caracterología puede generar obesidad, cefaleas, colon irritable, enfermedades en la piel y respiratorias, y las más de las veces, autoagresión.

Sería conveniente en su terapia poder trabajar acerca de: saber cuál es su deseo; estar convencido por autoestima que merece aquello que desea alcanzar; comunicar y expresar lo que desea al instante de desearlo. Implica un proceso de elaboración posible de ser alcanzado.

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