Psicología: Las dinámicas familiares

Por Beatriz Zaiat | Fuente: “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos” - UNICEF

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En la vida cotidiana y la convivencia se atraviesan diversos momentos, como la hora de despertarse, de dormir, de bañarse, las comidas y las tareas escolares, donde aumenta la tensión cuando las cosas no suceden como la madre o el padre espera. A menudo, esta tensión puede generar violencia.

Un buen clima emocional es fundamental para que los adultos responsables puedan ejercer su autoridad, que los hijos e hijas respondan sin mayores dificultades a lo que se les pide y se sientan seguros y protegidos. Si tenemos hábitos formados, es más fácil que el clima emocional sea el adecuado. Si se mantienen un tono de voz tranquilo, una postura corporal relajada y gestos de calma, puede crearse la atmósfera necesaria para no llegar al desborde.

Si las responsabilidades de la vida cotidiana (preparar la comida, acompañar en las tareas escolares, mantener el aseo de la casa, hacer las compras) se comparten de manera igualitaria entre madres y padres, ninguno se encontrará sobrecargado por esas tareas, que generan cansancio y estrés.

Es más fácil mantener la calma y evitar el desborde cuando no estamos en situación de agotamiento. Esta calma es un acto consciente y voluntario. No siempre se logra espontáneamente; es una decisión que termina formando un hábito.

Se pueden usar estrategias para recuperar la calma, por ejemplo: tomarse un té, parar lo que se está haciendo, alejarse un rato de la situación hasta estar mejor, pedir ayuda.

Vale recordar también que el crecimiento se da en etapas y que cada período tiene una problemática a resolver y una forma de aprender nuevos hábitos y satisfacer necesidades. Los hábitos ayudan al crecimiento porque, cuando el niño cambia de etapa, debe renunciar a determinados hábitos. Por ejemplo, conductas que son eficaces en un momento del desarrollo pueden generar algunas complicaciones en otra, como el uso del chupete, de la mamadera o los pañales.

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