Psicología | Pensamiento de la complejidad

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En su vida cotidiana, las personas desempeñan diversos roles, de acuerdo a las situaciones en las que se desenvuelven: un sujeto no se comporta de la misma manera en soledad, en su trabajo, con amigos o con desconocidos.

Si bien esto parece una obviedad, lo que destacaremos aquí es la multiplicidad de identidades y personalidades, así como su mundo de fantasías y sueños que acompañan a la persona, según cómo, dónde y con quién se encuentre en cada momento. En esta incursión sobre el paradigma de la complejidad, debemos conocer el paradigma de la simplicidad.

¿Qué es un paradigma?

Es una relación lógica entre nociones y principios claves. Son estas nociones y relaciones los principales gobernantes del inconsciente. Es a través del paradigma de la simplicidad, cuyo objetivo es poner en orden el universo de ideas y perseguir el desorden, que estas nociones y principios se reducen a una ley establecida desde la razón y desde un tipo de pensamiento vertical, lineal y secuencial, delimitado por pasos lógicos.

El paradigma de la complejidad, en tanto, es como un tejido: se trata de un entramado de eventos, acciones, interacciones, retroacciones y determinaciones. No debemos caer en el significado del lenguaje corriente de “complejidad”, cuya pesada carga semántica está vinculada con la confusión, la incertidumbre o el desorden.

En este caso, lo complejo es aquello que no puede resumirse en una ley ni reducirse en una idea simple. Está vinculado a la creatividad y la formación de nuevas ideas: la complejidad es el ordenar lo inextricable, lo ambiguo, el desorden, la incertidumbre y todo aquello que conforma el universo de fenomenológico y las estrategias que posibilitarán la intangibilidad.

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