Psicología: ¿Por qué un niño se porta mal?

Por Beatriz Zaiat | Fuente: “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos” - UNICEF

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Para poder comprender por qué un niño se comporta mal, es necesario conocer cómo fue su día. Así, entenderemos las razones del malestar que lo lleva a actuar de esa manera.

Puede ser que simplemente se haya alterado su rutina y tenga hambre, esté cansado, aburrido o incluso sobrepasado de energía. O bien que esté atravesando una situación familiar que le provoque nerviosismo, como la llegada de un hermano. Siempre el enojo y malestar se deben a algún motivo. Nuestro desafío es averiguarlo.

Por otro lado, portarse mal puede ser una forma de denuncia del niño frente al poder de un adulto ejercido inadecuadamente. Los niños y niñas deben aprender a no ser sumisos ni sometidos y a hacerse respetar y defenderse del maltrato del adulto y del autoritarismo, con recursos propios y adecuados.

Vale destacar que es esperable cierta agresividad en los niños. Se trata de un impulso vital para conocer el mundo y aprender (chupar, morder, agarrar). Pero hay que diferenciarla de la agresión, que tiene la intencionalidad de provocar un daño en el otro.

Es bueno brindarles confianza, a través de las palabras, para que descubran otras maneras de mostrar su “energía” sin lastimar ni lastimarse. Sobre todo, mientras juegan, transmitirles siempre que en el juego todo vale, menos lastimarse y lastimar a los demás: el juego es divertido si nadie sale lastimado, triste o enojado.

En el medio de una rabieta, nuestra frustración y la de nuestros hijos son máximas, pero si lo pensamos fríamente, un conflicto evidente, que se muestra, es mucho mejor que uno latente, que no se manifiesta.

Como adultos, debemos validar todos los sentimientos. Alabar el amor, la ilusión, la bondad es fácil, pero en la crianza el verdadero desafío –y privilegio– es saber acompañar también los sentimientos que en principio son negativos. La tristeza, el enojo, la frustración, la rabia, los celos son emociones igual de válidas que el resto. Aceptémoslas y ayudemos a nuestros hijos a aceptarlas también.

Y seguramente, mientras intentamos enseñarles algo, ellos nos enseñaran también.

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