Psicología | ¿Relaciones personales?

Por Beatriz Zaiat.

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Tanto frente a la computadora como con el celular, podemos desarrollar cualquier actividad gastando menos energía, menos dinero, y con menos riesgo que en la vida activa. Hacemos deportes, jugamos a las cartas, al ajedrez, hacemos amigos ¡y hasta nos enamoramos!

“Actividades virtuales” que nos llevan al aislamiento, a dejar de compartir encuentros con amigos, momentos con la familia, experiencias vitales de las cuales nos privamos por no vivirlas realmente.

Las relaciones personales no siempre son fáciles. Acercarse al otro o entablar una conversación requiere firmeza, seguridad en sí mismo, dado que se presentifica la posibilidad de fracasar y de ser rechazado.

La timidez, la vergüenza, el pudor y el miedo nos paralizan, nos amedrentan, pero son sensaciones y sentimientos que frente al monitor desaparecen, se tornan manejables, sin advertir que en verdad somos “manipulados”.

En Internet podemos hacer amistades, conocer el amor y hasta tener sexo virtual. Son vínculos en los cuales uno no necesita exponerse, ni siquiera hablar ni agradar ni vestirse para ponerse delante de nadie. Con sólo un click, es posible acceder o, al menos, creer que se cumplen todas nuestras fantasías, desde nuestro escritorio, nuestra cama o el lugar donde estemos, pero solos.

Éstas son situaciones que van en aumento, los chicos se conectan al mundo virtual y ven películas pornográficas desde los 10 o 12 años, imágenes con efectos de sonidos que se reproducen en la pantalla.

En tanto, muchos adolescentes manifiestan soledad porque no consiguen desarrollar sus vinculaciones afectivas, teniendo como corolario patologías depresivas o adictivas.

Y en cuanto a los adultos, sigue siendo una peligrosa competencia que la pareja o los amigos terminen rivalizando por Internet cuando tienen la posibilidad de encontrarse “cara a cara”. En esa competencia vemos que los sujetos se hallan consultando sus móviles e intercambiando mensajes con quienes no están allí. Cada uno se encuentra en su propio mundo.

Me pregunto: ¿Para qué encontrarnos? Si ni siquiera nos miramos a los ojos. ¿Cuál es el vínculo afectivo? Si ni siquiera nos sonreímos ni damos muestras de cuánto nos importa el otro. No olvidemos que el vínculo gestual forma parte de cada relación, es aquello que nos facilita el encuentro en todos sus sentidos.

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