Psicología | Una crianza basada en la igualdad

Por Beatriz Zaiat | Fuente: “Guía práctica para evitar gritos, chirlos y estereotipos” - UNICEF

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Si queremos infancias y sociedades libres de violencia, tenemos que entender que la crianza debe ser igualitaria para niños y niñas. De igual manera, la responsabilidad de las madres en la crianza de sus hijos debe ser la misma que la de los padres. Los niños, niñas y adolescentes son testigos y víctimas de la violencia de género y muchas veces crecen en entornos en los cuales no se respeta a las mujeres.

La educación nos forma como personas y nos permite una vida más libre y plena. Una educación con respeto y con amor, tanto en nuestros hogares como en las escuelas, en los centros de desarrollo infantil y en todos los espacios donde compartimos la vida en sociedad, es la única forma de eliminar las distintas formas de violencias que sufrimos desde la niñez.

Nuestra responsabilidad como mamás, papás y personas cuidadoras es educar y criar con amor, y brindar condiciones equitativas para el desarrollo de las niñas y los niños. Para eso, primero tenemos que conocer e identificar cuáles son las desigualdades que nos afectan desde la niñez, tanto fuera como dentro de nuestras familias.

Salvo la posibilidad de dar a luz y amamantar –donde existe un componente biológico que solo tienen las mujeres–, las responsabilidades de cuidado a lo largo de la crianza de niños y niñas pueden y deben compartirse entre varones y mujeres.

Las mujeres no tienen una predisposición natural al cuidado de sus hijos. Las tareas de cuidado (tanto materiales como afectivas: cocinar, limpiar el hogar, dar cariño, etc.) se aprenden socialmente y pueden ser realizadas tanto por mujeres como por varones.

Sin embargo, en las familias se establecen ciertas relaciones que no siempre son igualitarias. Por el contrario, la división de las tareas de cuidado en las familias a veces es injusta. Generalmente, y aunque los dos integrantes de una pareja trabajen para ganar dinero, el trabajo doméstico recae en la mujer.

Esta división de tareas no es natural, sino que es un hecho socialmente construido. Es decir, la sociedad fue estableciendo, a lo largo del tiempo, determinados espacios, roles y actividades para las mujeres y otros diferentes para los varones. Así, se crea la idea artificial de que existe un mundo masculino y otro femenino.

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