“Jamaica” Rodríguez: “Queremos ser más famosos que los Rolling Stones”.

Por Melanie Berardi | Estamos en época de corsos y carnavales. Por eso, Al Sur entrevistó a Mauricio "Jamaica" Rodríguez, director y fundador de la murga Carandiru, quien contó sobre los comienzos del grupo y de los proyectos a futuro.

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Carandiru es una murga sanvicentina "for export".

Al Sur entrevistó a Mauricio “Jamaica” Rodríguez, quien lleva la batuta de Carandiru y cuenta que el grupo dio sus primeros pasos en Adrogué haciendo espectáculos para eventos, pero se convirtió en la murga sanvicentina por excelencia.

Carandiru surgió en 2003 con un conjunto de jóvenes de la zona que tocaban en las plazas, y más adelante se extendió a la realización de shows en cumpleaños y otros festejos, lo cual permitió consolidar la percusión. Su primera presentación fue en la localidad browniana de Adrogué, y hasta entonces San Vicente no era una posibilidad.

“Jamaica”, uno de los fundadores del grupo, relata que nunca habían podido actuar en alguna plaza de San Vicente porque en ese momento el gobierno de turno no lo permitía (mandaba el arcurismo). “Tuvimos la experiencia de haber estado tocando en la Laguna y que venga un patrullero a levantarnos”, cuenta.

Sin espacio propio, recién en 2007 pudieron tocar en las plazas del distrito con el permiso del Municipio. La gente los comenzó a conocer, el público a crecer y la murga a viajar. Además, abrieron una escuela de percusión para los más chiquitos y llegaron a tener 140 integrantes.

Así nació la insignia de Carandiru, debido a que todavía no tenía bailarines, entonces los papás que querían que sus hijos participen llevaban una bandera que se dividió por escuadras diferenciadas por colores: amarilla para los chicos y chicas que se iniciaban; verde para los más avanzados, que sabían tocar los tres instrumentos básicos; y negra para el grupo de los más grandes, quienes ya iban a los eventos.

La agrupación sureña también participó en la comparsa de Brandsen “Luz de Luna”, ganó premios a la mejor percusión, se presentó en Chascomús, la Costa Atlántica, Altamirano, Loma Verde, Jeppener, festivales solidarios y demás eventos genuinos.

Tal fue el crecimiento de estos murgueros, que se consagraron padrinos de tres comparsas de la región: “Mainumbí”, del distrito brandseño; “Los Renacientes de la Esperanza”, del barrio La Esperanza; y “Araberá” del barrio La Pradera, estas dos últimas de Alejandro Korn. Sin embargo, hay otras comparsas locales que también reciben el asesoramiento de su alma mater, que no habla si no es en plural.

“Nosotros nos hacemos cargo de que somos los más viejos (…), pero en el grupo siempre mantenemos la misma ideología de tratar de que no haya una sola murga y no creernos los mejores”, afirma Jamaica, y agrega: “Nosotros somos diferentes, hacemos una zamba-fusión, cantamos, no tenemos bailarines, nosotros queremos que haya muchas comparsas (…) Un murguero no compite, sino que comparte, ésa es la idea que tenemos de dar una mano y seguir creciendo, que no haya una por barrio, que haya dos o tres”. Hace seis años ellos eran los únicos de la comuna.

Es que para los muchachos y muchachas de Carandiru, una murga y una comparsa no tienen un único fin, a sabiendas de cómo vivimos en sociedad, donde a veces no importa lo que necesitan los jóvenes y, por el contrario, se los condena. Entonces cuando un pibe encuentra una vocación, ahí está la banda para darle una mano.

Además, Jamaica apuesta a que San Vicente se luzca en estos ritmos, y opina: “Está bueno que el carnaval se arme con gente de acá, para mí eso es importantísimo”.

De gira

Desde hace ocho años algunos integrantes de la banda agarran las mochilas, un instrumento cada uno y hacen giras por la costa Atlántica para visitar a los veraneantes, quienes siempre están predispuestos a ponerle alegría a su descanso.

La primera vuelta la hicieron tres, se tomaron un micro hasta Santa Teresita y Las Toninas, y empezaron a tocar en la playa. Año tras año se fueron organizando mejor, y este verano, por ejemplo, se apareció por esos lares toda la escuadra negra con sus familias.

Allí los pibes se promocionan haciendo lo que saben: pisan la arena, visitan las peatonales, organizan shows callejeros a la gorra. Pero también venden unas pulseras con el nombre de la banda para recaudar fondos.

Entre risas y envuelto en sus rastas, Jamaica vuelve unos días atrás: “Este año hicimos una locura”, confía. Empezaron caminando por las playas de Santa Teresita, hicieron una parada, tocaron algunos temas y al final el entusiasmo siguió de largo por distintos paradores hasta llegar a Mar del Tuyú.

“Arrancamos tipo dos de la tarde y eran las ocho y estábamos todos re cansados”, relata. No hizo falta que aclare más cuánto aman esta vocación, porque a través de los ojos y de los poros transpirados revelan que no hay otra estrategia que gozar de cada repique.

“A la gente le gusta lo que hacemos y a nosotros nos gusta que a la gente le guste”, expresa.

Hasta el CD no pararon

Llevados por una sana ambición, los Carandiru ya saben que aún les queda mucho camino por recorrer, y esa necesidad se empezó a definir con un primer trabajo discográfico en el que sacaron temas propios. Arrancaron con una batería, continuaron componiendo, armaron las estrofas y cuando se dieron cuenta tenían un cancionero hecho por ellos mismos.

“Nosotros seguimos creciendo porque apostamos a ser conocidos, a que vos nombres Carandiru y que ya sepan que es una escuela de percusión. Ya tenemos nuestra identidad bien marcada”, describe Jamaica, y remata un poco entre risas y otro tanto de manera fulminante: “Nosotros queremos ser más famosos que los Rolling Stones. Es una locura, pero es una locura que la compartimos y la decimos todo el tiempo”.

Por el momento no tienen lugar propio para ensayar, ésa será una de las metas del año. Entonces ensayaron en el Parque Urbano El Viejo Casal, el Punto Cultural de Alejandro Korn, el Centro Cívico, la Casa de la Cultura, y ahora están en la plaza principal de Korn.

Este año se presentarán en los tres corsos que se realizarán en San Vicente (uno por cada localidad), y para después tienen proyectado comenzar con la escuelita de percusión destinada a los más chiquitos. Además, seguirán con los arduos ensayos, investigando, preparando nuevos ritmos, coreografías y vestuario.

“Es un laburo de todo el año, más en esta fecha, tenemos que estar todos juntos porque nosotros somos los que armamos el corso”. Y así, el merecido autoestima vuela por las nubes.

Los chicos que quieran inscribirse para integrar la murga, pueden hacerlo a través de la página de Facebook “Carandiru Percusión”.

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