Natanael Viera: “Desde la panza ya quería empezar a tocar la guitarra”.

Por Melanie Berardi | El joven cantor sanvicentino nació rodeado de música folclórica, empezó su recorrido en una pulpería y ahora admite que no se imaginaba “llegar tan lejos”. En un encuentro con Al Sur, contó cómo va forjando su carrera musical.

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Natanael Viera tenía siete años cuando se subió por primera vez a un escenario. No estaba nervioso ni tenía miedo, dice. Entonces, por unos minutos, el público de la pulpería le prestó toda su atención: el niño comenzó su presentación con unas décimas para el payador uruguayo Juan Carlos “El Indio” Bares acompañado de una guitarra, y desde entonces recorrió diversas regiones del país compartiendo el folclore que, desde muy pequeño, le brotaba del alma.

Natanael practicaba algunos recitados y milongas para esa presentación desde hacía algunos meses. Las letras las había sacado de una revista que le trajeron sus padres de una jineteada y de a poco fue interpretándolas acompañado de su hermano con la guitarra.

Ahora su forma de expresarse le queda chica para la edad que tiene: once. Se desenvuelve sin miedo en cada entrevista y actuación, y bromea: “Yo digo que desde la panza ya quería empezar a tocar la guitarra”.

Nosotros siempre escuchamos folclore (…) Mi abuelo también cantaba en guaraní y en portugués. Yo digo que de ahí salí, de ahí quedaron los genes, ¿no?”, reflexiona Natanael con una sonrisa.

Con las influencias de los cantores Marcelo Miraglia y Leonardo Miranda, y con la compañía de su profesor de guitarra, Roberto Bonacina, el muchachito se fue fogoneando en diversos géneros.

Su primer disco (“A mi Tata”) se lo dedicó a su abuelo. Allí tiene recitados que él mismo escribió para “El Indio” Bares y para los jinetes “Cacho” Contreras y “Chueco” Rodríguez. Además, compuso “Chacarera de San Vicente”, que habla de sus comienzos y de su familia.

Luego presentó dos proyectos discográficos más: “Piedra y Camino”, cuyo título refleja los obstáculos que hay que superar para lograr los objetivos, y “Siguiendo el rumbo”. “Fue muy importante para mí porque lo hicimos a puro esfuerzo, y fue tanto por lo sentimental como por el trabajo que le pusimos”, explica el joven músico, y adelanta un tercero que aún no tiene fecha de salida pero que agrupará diversas milongas.

Natanael lleva a cabo sus presentaciones junto a sus hermanos.: Jennifer lo acompaña como segunda voz, Narciso es la primera guitarra y Alexis está a cargo del bombo.

El pequeño folclorista asegura que desde chiquitos les enseñaron que nunca tienen que perder la humildad más allá del éxito que puedan llegar a tener. “Siempre hay que ser así, y así nos educaron siempre”.

¿Cómo te vas perfeccionando en el canto y el recitado?

Siempre escuchando lo que me dicen y practicamos todos los días con mis hermanos. Hay veces que ensayamos dos horas o tres horas.

¿Qué experiencias o escenarios te marcaron durante tus presentaciones?

Para mí, todos los escenarios fueron inolvidables. En Olavarría, que no me voy a olvidar nunca. Fuimos hasta Plaza Constitución y ahí nos robaron. Llegamos a la estación de Olavarría y tuvimos que caminar mucho para llegar hasta el predio del Festival, y no teníamos para comer. También tuvimos que vender un CD para comer, para poder desayunar. Y después tuvimos la suerte, no sé si llamarla suerte o cómo llamarla, de llegar al escenario mayor, que es lo mejor que me pasó. En Mar del Plata me llevo lo buena que es la gente, y en Cosquín, nunca pensé llegar tan lejos. Siempre digo que todos los escenarios a los que voy, nunca los olvido.

¿Qué encontrás en el folclore que te incentiva a seguir incursionando en él?

Encuentro muchas cosas. A todos los lugares a los que vamos, vamos cosechando amigos y seguimos yendo a lugares que nunca podríamos haber llegado sin la ayuda de mi papá y mi mamá. Eso es lo que encuentro en la música folclórica.

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