PP | Alejandro Mir: “Tiene esa magia la comedia, es como liberadora”.

Por Melanie Berardi

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“Estaba en tercer año de medicina. A mí siempre me gustó lo que es la salud y también mucho el teatro”, relata a Al Sur el actor y comediante de Presidente Perón Alejandro Mir. “Ale” siempre se desenvolvió sobre el escenario como un pez en el agua, desde muy chico participaba en obras en la escuela y de grande se decidió por estudiar medicina.

“Me pasó una vez que estaba en la facultad por dar un examen y yo veía con qué emoción hablaba un compañero que repasaba lo que íbamos a rendir de las células y demás, y yo pensé ‘claro, la pasión que tiene este tipo yo la tengo por el teatro’, y ahí dije ‘no, me tengo que cambiar de carrera a tiempo’, porque si no, iba a ser un médico frustrado”, ríe ante el recuerdo. Ese mismo día, salió y se anotó en su primer curso.

En menos de cuatro meses de comenzar, se subió al escenario para interpretar su primer papel. “Era (un papel) chiquito, casi ni se me veía. Pero le tomé el gusto y no me bajé más”, rememora.

Cuenta Alejandro que el teatro se convirtió en su medio de vida. En un principio comenzó a participar en diversas obras y cortometrajes que recorrieron varios festivales con mucho éxito, y en producciones para cine y televisión para las que lo iban llamando.

También se trasladó a las aulas, donde ejerció como docente de teatro en diversas escuelas del distrito. Lo que lo llevó a esa iniciativa educativa fue –asegura– “un poco de caradurismo”. “Empecé a formar grupos chicos de teatro. Con ‘chicos’ me refiero a la cantidad de personas y a lo que podían aprender”, explicó.

El actor se anotó en todos los cursos que encontró y más tarde se capacitó en la carrera de formación actoral. Se interesó profundamente en la comedia, donde encontró su vocación y, más tarde, su profesión: el stand up.

“Fui perfeccionándome, creciendo en las obras que hacía y demás. Yo nunca había hecho stand up”, confiesa el comediante. Un amigo suyo que tenía un grupo de stand up necesitaba un presentador, porque el que iba a hacerlo se le cayó a último momento, entonces lo llamó a él para ver si quería presentar y hacer un monólogo. “Y bueno, investigué un poco el estilo, fui, subí y, la verdad, me gustó y me fue bien, y tuve la suerte de conocer a mis compañeros, que me fueron enseñando”, se acuerda. Igualmente, destaca que él siempre fue un autodidacta y de mandarse.

“La verdad que en el stand up, lo único que me compré fue un libro ‘que todo lo tiene’, y después es mucho de mirar y escuchar los consejos. Hay una escuela posterior, que yo le digo ‘la escuela de la pizza’, porque cuando vos hacés un espectáculo y terminás, después de la una o dos de la mañana te vas a comer pizza con los comediantes, que por ahí tienen más experiencia. Es donde hablás del show o de tu actuación y te tiran un par de consejos”.

Risa en estos pagos

Más tarde le surgió la idea de traer el stand up a Guernica. “¿Por qué siempre tengo que viajar yo a Capital y no hacerlo acá?”, fue su inquietud. Se trataba, entonces, de intentar abrir un lugar en estos pagos para brindar shows de stand up y ver qué tal andaría la cuestión. Hasta que lo logró.

El escenario funcionaba primero en una pizzería donde ahora se encuentra el Registro Civil de Guernica. Fue muy concurrido mientras tuvo sus puertas abiertas, y Mir se alegra nuevamente de lo que él mismo generó al notar la respuesta del pueblo peronense que se congregaba en ese improvisado teatro.

El artista recorrió diversos escenarios del país con sus obras. Finalmente, pudo visitar Uruguay con su espectáculo de stand up, llevándolo a cruzar algunas fronteras que nunca hubiese imaginado.

“La experiencia más gratificante es que se acerque alguien y te diga ‘che, qué bueno lo que haces’”, confiesa. Para Alejandro, provocar un sentimiento real en el público a través de una interpretación imaginada o inventada es otra de las grandes experiencias que le dio su profesión. “El teatro genera aceptación o rechazo, pero muy raro que la representación escénica genere indiferencia”, explica.

También se desempeñó como director en obras infantiles e incursionó en drama y tragicomedia. Compuso personajes para unipersonales y, finalmente, encontró su pasión en el stand up.

Payasolidario terapéutico

Pero su vocación no termina en el escenario ni en las aulas de las escuelas. Alejandro Mir encabeza clases para jóvenes y adultos en las cuales ofrece las herramientas de clown aplicadas al payaso social, que desarrolla acciones solidarias a través de esta técnica teatral.

Este grupo se forma por medio de un voluntariado que se capacita para actuar en plazas, hogares de ancianos, hospitales, comedores infantiles y escuelas, además de todos aquellos ámbitos que necesiten una mano del arte.

También, en las clases se brinda la capacitación para el payaso de hospital –comúnmente conocido como “payamédico” –, quien despliega la técnica de clown en el ámbito hospitalario.

“En el ámbito hospitalario hay otros tiempos, hay otra dinámica. No es solamente hacer reír porque sí; tiene como un sentido terapéutico en el hecho de que vos trabajás con profesionales de la salud para ayudar al paciente y al tratamiento que está recibiendo”, explica Mir.

Además, precisó que esta formación de payasolidario “está orientada a todo ámbito comunitario”. Por ejemplo, ahora por el problema de las inundaciones, su grupo de payasolidarios hará un ropero solidario con algunas presentaciones para juntar ropa que luego destinará a los damnificados.

El arte liberador

Sobre las cosas que le atraen para seguir trabajando en el género, Ale asegura que es “la conexión”, y finaliza: “En la comedia tenés cierta licencia que en otros estilos por ahí son más rígidos. Podés tratar temas más trascendentes o, aunque sean dolorosos, pero con respeto, estar riéndote de eso, y es como liberador y sanador también. Se trata de reírse de uno mismo, verse reflejado en otro y te reís de eso. Pensar ‘sí, ése soy yo y no me animo a decirlo”. Y eso del ridículo, de reírse de uno mismo. Tiene esa magia la comedia, es como liberadora”.

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