SV | Ballet San Vicente: “Somos una familia desde el más chico al más grande”.

Por Melanie Berardi

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San Vicente.: El Ballet San Vicente se fundó allá por el 2008, cuando Cintia Muiños y su hermana se animaron y comenzaron a dar clases de danzas folclóricas en el Centro Tradicionalista El Volcador.

El grupo tenía diez bailarines, pero no le faltaba las ganas de crecer hasta convertirse en lo que hoy finalmente es: un cuerpo de alrededor de setenta bailarines estables y reconocidos por el municipio desde hace dos años como una entidad de bien público.

El Centro Tradicionalista “El Volcador” fue su casa durante un par de años. Luego se trasladaron al galpón de la Vieja Estación, donde comenzaron los ensayos y a recibir a todos los vecinos que quisieron sumarse.

En la actualidad, el ballet cuenta con parejas de todas las edades: el bailarín más pequeño tiene tres años -forma parte de esta familia desde el vientre, ya que su mamá también la integra- y el más grande, 75.

El cuerpo de baile está compuesto por cuatro grupos que ensayan por separado: la escuelita número 1, para los más chiquitos, que se inician en la danza; la escuela número 2, para los chicos y chicas más avanzados; el grupo estable del ballet, que reúne a jóvenes de 12 a 20 años; y los adultos mayores.

Una familia rodante

El Ballet San Vicente recorrió diversos escenarios del país, y sus miembros recuerdan con especial cariño los viajes a Córdoba y a Entre Ríos. Es que, hace tres años, en Córdoba fueron galardonados como delegación revelación y mejor puesta en escena. Mientras que, en Concepción del Uruguay, participaron del “Festival San Isidro Canta y Baila”, uno de los festejos más significativos de la provincia que cuenta con importantes números musicales y de danzas.

“A nosotros nos marcan todos los escenarios”, cuenta Cintia Muiños a Al Sur, y agrega: “Hemos pasado por un montón de circunstancias (…) la realidad es que todos los escenarios nos marcan porque siempre sucede algo que nos modifica en el escenario”.

Además, el conjunto de bailarines organiza por año un viaje para compartir un tiempo en grupo, como una familia. “Nos gusta también cuando nos toca viajar, y no es que viajamos por bailar, sino que viajamos por pasar tiempo juntos”, relata la profe. El año pasado, por ejemplo, viajaron a Necochea para pasar tres días inolvidables de campamento junto a todos los bailarines.

Ahora se encuentran en plenos preparativos para su primer viaje fuera del país. El destino será Uruguay, donde fueron invitados a participar del “Festival de la Meseta”, que se realizará en septiembre próximo.

“Somos una familia desde el más chico al más grande, de la familia del bailarín hasta el que acompaña”, afirma Cintia.

Por otro lado, una de las bailarinas del Ballet, Lorena Zalazar, expresa: “La experiencia es hermosa, ya de compartir el escenario con mi hija, el grupo de compañeros es espectacular. Los viajes son inolvidables. Para mí, uno de los mejores viajes que me marcó fue el de Córdoba, porque más allá de conocer el lugar, el entorno, la gente que había de todos lados. Se sintió el compañerismo de toda la familia del grupo del ballet. Es muy emocionante, no hay palabras para describir eso”.

Sus compañeras Alejandra Molina, Érica Medica y el mismo presidente de la Comisión Directiva, Osvaldo Rodríguez, se muestran de acuerdo.

El ballet ensaya martes, miércoles y jueves en el galpón de la Vieja Estación de San Vicente. Quienes quieran acercarse, pueden hacerlo en el turno designado para cada edad y empezar a ensayar ahí mismo. Si no, pueden coordinar horarios. Además, para los viernes incorporaron un profesor de malambo para todas las edades.

“¡Metele que son pasteles!”

Al tratarse de una organización autogestiva, las inversiones en renovación de los trajes, la escenografía y los viajes salen del bolsillo del ballet.

Hace dos años comenzaron a participar de fiestas populares, eventos culturales y festivales que organiza el Municipio con su propio puesto de pasteles de batata y de membrillo para reunir el dinero que necesitan para cubrir esos gastos. Ya se convirtió en una costumbre deleitarse con los pastelitos a media tarde mientras se espera los espectáculos musicales programados o para convidar con unos mates.

¿Cintia, qué encontrás en este ballet que te motiva a seguir involucrándote?

Me siento cómoda, hago lo que me gusta, me da placer. Encuentro un respaldo. Justamente, el primero de marzo arrancamos las clases y David (por el payador David Tokar) nos había llamado para la fiesta de los payadores, para ver si podíamos bailar, y yo sin haber empezado los ensayos le dije que sí, pero porque tenía la confianza de que iban a aparecer otra vez los bailarines. Nosotros venimos del período de vacaciones de dos meses. Lo hago por eso, porque me gusta y porque mi familia me acompaña.

¿Cómo notás el recibimiento del público en cada presentación?

Lo noto, por ejemplo, cuando te aplauden. Cuando no terminás el cuadro y ya te aplauden. O algún grito porque les gustó algo, ahí ya te das cuenta de que vamos como encaminados porque les gusta. Aparte siempre que bajamos hay alguien para saludarnos, para felicitarnos.

Finalmente, el presidente de la Comisión Directiva, Osvaldo Rodríguez, también manifestó lo suyo para concluir la entrevista: “También lo ves en la gente en cuanto al respeto y en el silencio. Yo, porque lo miro desde afuera. Pero el respeto es fundamental”, expresó.

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