SV | Mónica Barbetta: “Me pongo a cantar en mi casa y sigo siendo la nena de hace 35 años atrás”.

Por Melanie Berardi | La cantante sanvicentina se autodefine como una romántica del folklore. Comenzó a cantar de niña, imitando a Lucía Galán, del Dúo Pinpinela. Valeria Lynch, María Marta Serra Lima, Tamara Castro y Abel Pintos son los referentes más destacados de su carrera.

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Sus primeros pasos en la música los dio entre juegos en el patio de su casa imitando a Lucía Galán, del dúo Pimpinela. Entonces su papá le improvisó un micrófono y ella pasaba las horas cantando. “La música está en mí desde chiquita”, relata Mónica Barbetta, y describe así su carrera, enamorada de este arte y de San Vicente.

A medida que crecía, las intervenciones de Mónica se ampliaban: empezó a actuar en los actos escolares, a formar parte del coro de una iglesia evangélica a la que concurría con su familia y, a los nueve años, a hacerse amiga de la guitarra.

Reconoce que el folclore es un género que la llena de una alegría cuando ve que el público baila y aplaude al ritmo de la canción que ella interpreta, porque eso la hace sentir acompañada.

Entre el folclore popular y lo melódico, Valeria Lynch, María Marta Serra Lima, Tamara Castro y Abel Pintos son los referentes más destacados. “Siempre me gustó lo romántico y, dentro del folclore, las zambas románticas”, explica.

En ese rumbo recuerda con mucho entusiasmo a su colega Tamara Castro y el día que cantaron juntas en el escenario del Centro Tradicionalista El Volcador, en San Vicente. Fue en 2002, cuando Mónica estaba embarazada de su segundo hijo. “Ella ensayaba, me acariciaba la panza y después me invitó a cantar, fue inolvidable”, rememora, y confiesa: “Yo siempre pedí que la esencia de ella esté en mí, no sé si Dios lo cumplió”.

A los 18 años, la sanvicentina decidió impulsarse profesionalmente, entonces participaba de eventos y festejos donde la invitaban. “Siempre iba, con las rodillas temblándome, pero iba”, cuenta entre risas. Poco a poco comenzó a ser la voz de diversos grupos, y a los 23, junto al músico Nelson Pérez, formó “Viento de Estrellas” y grabó un disco que nunca salió a la venta.

En 2011, participó en el pre Cosquín, donde fue finalista en la categoría “solista femenina” al igual que la artista Milena Salamanca, y se quedó con el segundo lugar. También se convirtió en finalista por la categoría “canción inédita” con un tema del compositor Enrique Rodríguez Almada. Recuerda: “Toda la gente que era de la zona gritaba por mí, y eso fue espectacular”.

De forma similar participó del pre Ranchos, donde ganó el primer premio y cantó junto al músico Facundo Saravia en el escenario principal.

En la actualidad se presenta junto a su hijo de catorce años, Maximiliano Roldán en el bombo y Leo Benítez en la guitarra, con quienes proyecta un disco. Confiesa que le gustaría rescatar temas olvidados, como algunos de Hernán Figueroa Reyes o Mercedes Sosa que la mayoría descartó.

¿Cómo comenzaste a incursionar en el folclore?

Me empapé del folclore en la casa de mi tío. Es de Mármol. Él es cantor surero, Cacho Andrada se llama. (…) Yendo a verlo, siempre tenía la visita de Argentino Luna. Mientras ellos cantaban, guitarreaban, yo los miraba y los miraba. Después empecé a pedirles letras, empecé a pedirles guitarras prestadas, llegaba a mi casa, copiaba todo y empezaba a practicar. Y ahí empecé a meterme en lo que es el folclore.

¿Cómo te fuiste perfeccionando en el canto?

Fue natural. Yo cantaba de chica. Después de grande, ya viviendo acá y teniendo hijos, estudié canto (…), pero me daba vergüenza cómo te hacen respirar, cómo te hacen cambiar la voz, me daba vergüenza, entonces dejé. Pero de mí misma fui aprendiendo, y de escucharme y de escuchar errores, que todavía sigo escuchando.

Pero más allá de incursionar y de perfeccionarse, Mónica no evita hablar de su sentir folclórico como algo íntimo, personal: “A mí la música me sacó de momentos feos, de tristezas. Es ponerme a cantar y olvidarme de esos momentos”, expresa, y entonces vuelve a la raíz: “Yo me pongo a cantar en casa o a jugar con un micrófono y sigo siendo la misma nena de hace casi 35 años atrás”.

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